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¿Censura en la red?

¿Censura en la red?

VENTANAS ROTAS

 

Por Víctor Manuel Vallejo Cruz

 

Dave Weigel, periodista de “The Washington Post”, en su cuenta personal de Twitter publicó el 9 de diciembre de este año, una foto de un escenario prácticamente vacío en el que debería llevarse a cabo un evento con la presencia del presidente de los Estados Unidos Donald Trump. Posteriormente, el escenario luciría pletórico de gentes que apoyan al magnate inmobiliario. Ni tarde ni perezoso, el magnate inmobiliario destacó en un tuit, lo que denominó una FAKE NEWS, es decir, una noticia falsa promovida por un reportero de uno de los medios de comunicación tradicionales más relevantes de ese país. Dave Weigel, se tuvo que disculpar y a pesar de eso, el presidente insistió en que debería ser despedido.

 

Este sencillo ejemplo, ilustra la modificación que se llevó a cabo el día jueves 14 de diciembre del año en curso, al artículo 1916 del Código Civil Federal, mismo que está a consulta en la Gaceta Parlamentaria de esa fecha correspondiente al Anexo I – 6, que fue aprobada por unanimidad de 384 votos, sin votos en contra ni abstenciones. En el marco de un intenso debate sobre el alcance de la Ley de Seguridad Interior, distintas voces – la mayoría de ellas, provenientes de las redes sociales y en especial de Twitter – dieron cuenta de lo que denominaron un “albazo” legislativo a través del cual, se estaba censurando la libertad de expresión manifestada a través de medios electrónicos o del internet, ese mismo que es una zona salvaje prácticamente sustraída de cualquier regulación gubernamental, por lo que es muy fácil insultar, calumniar, amenazar, discriminar y todo lo que se nos pueda imaginar desde el ciberespacio que, algunos ingenuamente creen, les asegura el anonimato para poner en práctica sus actividades sin consecuencias sobre el daño moral que le ocasionan a su víctima.

 

De acuerdo con la propuesta de dictamen, el derecho a la libre expresión se encuentra consagrado en los artículos 6 y 7 de la Constitución, 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y solamente puede ser restringido en aquellos casos “en que se afecten los derechos o reputación de terceros”. En este sentido, el derecho a la libre expresión se manifiesta por dos vertientes; la primera, que tiene que ver con la posibilidad de cada persona para manifestar el pensamiento propio; la segunda, que ese pensamiento pueda ser divulgado para que sea del conocimiento de un mayor número de personas. En suma, tenemos derecho a expresar nuestras ideas y de difundirlas hacia un número mayor de personas.

 

Sin embargo, el artículo 6 de la Constitución establece límites al derecho a la libertad de expresión que se encuentra bordeado por la protección de la moral, la vida privada, la honra, los derechos de tercero y el orden público, de acuerdo con dicho dictamen. En este sentido, se establece que el honor “es el concepto que la persona tiene de sí misma o que los demás se han formado de ella, en virtud de su proceder o de la expresión de su calidad ética y social.” En este sentido, “las expresiones que están excluidas de protección constitucional son aquellas absolutamente vejatorias, entendiendo como tales las que sean: 1.- ofensivas u oprobiosas, según el contexto, e 2.- impertinentes para expresar opiniones o informaciones, según tengan o no relación con lo manifestado.”

 

La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia estableció en el Amparo Directo 3/2011 el siguiente criterio jurisprudencial “el estándar de malicia efectiva requiere no solo que la información difundida haya sido falsa, sino que se haya difundido a sabiendas de su falsedad o con la intención de dañar.” Salvo su mejor opinión, si seguimos el caso del periodista de “The Washington Post” seguramente incurrió en esta hipótesis. Tomó una foto previa al ingreso de los asistentes al evento presidencial y la difundió por las redes sociales, a sabiendas de que más tarde, conforme se acercara la hora de comienzo del mitin, éste pudiera registrar una mucho mejor entrada como realmente sucedió.

 

El dictamen aprobado estableció que podrán ser sometidos a la reparación del daño “I. El que comunique, a través de cualquier medio incluido los electrónicos, a una o más personas la imputación que se hace a otra persona física o moral, de un hecho cierto o falso, determinado o indeterminado, que puede causarle deshonra, descrédito, perjuicio o exponerlo al desprecio de alguien.” Este texto fue mal interpretado como una amenaza a la libertad de expresión. Cómo estábamos al calor de la batalla del modelo de seguridad que impulsa el gobierno federal, algunas voces y lo recalco, quisieron ver un ataque o limitación a nuestra libertad de expresión, de la que gozamos todos incluido el que esto escribe, empleando las dos modalidades antes descritas, cuento con una opinión, idea o pensamiento y la divulgo para que sea del conocimiento de un número mayor de personas, de ustedes mis lectores, quienes seguramente podrán estar de acuerdo o no conmigo, porque ese es su derecho.

 

Juzgue Usted si es así. A esta voces se les olvidó leer lo que establece el artículo 1916 bis del Código Civil Federal que a la letra dice “No estará obligado a la reparación del daño moral quien ejerza sus derechos de opinión, crítica, expresión e información, en los términos y con las limitaciones de los artículos 6º y 7º de la Constitución General de la República (…) En ningún caso se considerarán ofensas al honor las opiniones desfavorables de la crítica literaria, artística, histórica, científica o profesional. Tampoco se considerarán ofensivas las opiniones desfavorables realizadas en cumplimiento de un deber o ejerciendo un derecho cuando el modo de proceder o la falta de reserva no tenga un propósito ofensivo.” Y a todo esto, Usted que piensa, atajamos al ciberbullying que arrastra con la reputación de personas ordinarias como cualquiera de nosotros, o dejamos que las redes sociales sean nuestro moderno “viejo oeste”, donde las disputas se resuelvan a golpe de tuit, falso o verdadero, cause o no daño moral a la honra de las personas.

 

 

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“Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de nuestro medio de comunicación”

 

Atentamente

Andrés Rodríguez Cabrera

Director General de www.plumasdelgolfo.com

 

 

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