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Crimea, antídoto de presidentes impopulares


Petro Poroshenko durante la sesión parlamentaria para aprobar el estado de excepción. /V. O. /REUTERS

  • El presidente ucraniano Poroshenko se envuelve en la bandera en plena caída de su popularidad

Una de las maldiciones que persiguen a los ucranianos es la de acabar imitando a los rusos justo en los momentos en los que más quieren separarse de ellos. Recientemente muchos ucranianos se rebelaron contra los dibujos de ‘Masha y el Oso’ al leer un informe que decía que contenían propaganda rusa. Emulaban así a sus compatriotas rusos, que hace años cargaron contra ‘Bob Esponja’ por contener inauditos “mensajes homosexuales”. Pero más allá de las anécdotas, el mimetismo ha llegado a las élites con un presidente ucraniano con una popularidad malherida(como la de Vladimir Putin en 2013) que copia a su homólogo ruso y se envuelve en la bandera aprovechando el reciente conflicto del mar de Azov. El presidente ucraniano, Petro Poroshenko firmó el lunes un decreto en el que declara el estado de excepción en parte del país tras el apresamiento este domingo de tres buques de la Armada ucraniana por parte de los guardacostas rusos en el mar Negro, cerca de Crimea. Precisamente la anexión de esa península en 2014 le sirvió a Putin para ‘sanar’ sus cifras demoscópicas.

 

Poroshenko aclaró que el estado de excepción no supone la introducción de cortapisas a los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. Sí implica una movilización parcial, la organización inmediata de las fuerzas de defensa aérea, una mayor seguridad en las fronteras con Rusia, un mayor control de la información oficial a través de una campaña de información para presentar hechos sobre la “agresión de Rusia” y una mejor vigilancia alrededor de las “infraestructuras críticas”.

Este paso es un salto cualitativo y algo sorprendente, pues Ucrania no llegó a imponer la ley marcial ni siquiera después de la anexión rusa de Crimea y tampoco después de la sublevación prorrusa en el este del país. Pero ahora la situación política manda. Las elecciones presidenciales están previstas en Ucrania para marzo de 2019 y el titular de este sillón se enfrenta una dura batalla por la reelección. Los índices de aprobación del presidente han disminuido dramáticamente en los últimos meses. Las encuestas sugieren que Yulia Timoshenko, ex primera ministra, es la favorita para sucederlo con un 21% de los votos según una encuesta del Instituto Ucraniano de Sociología en colaboración con el Centro Razumkov. El actor Vladimir Zelensky está respaldado por el 11%, mientras que Poroshenko obtendría el 10%. Timoshenko es la favorita en todas las regiones de todo el país, excepto en Donbas, cuyo proyecto de autonomía ha criticado.

Lo que más preocupa al líder ucraniano es que encabeza la llamada ‘anti-selección’ de políticos: más de la mitad de los encuestados dijeron que nunca votarán por él. Así que, con pocos seguidores que perder, no es descabellado pensar que este veterano empresario chocolatero podría verse tentado a jugar la carta de la seguridad y el patriotismo para aumentar sus posibilidades, en vista de que la mejora de las cifras macroeconómicas no ha calado en la población. Podría beneficiarse de las hostilidades rusas, algo que a pocos puede sorprender si desde el verano el líder ucraniano cincela un mensaje que puede definirse con tres bramidos: “¡Ejército! ¡Idioma! ¡Fe!”. El recuerdo de los héroes de la guerra, la extensión de la lengua ucraniana aplacando a las otras y la separación de la Iglesia ortodoxa ucraniana de su seno moscovita han pavimentado el camino a una campaña de corte nacionalista.

El decreto sobre la declaración del estado de excepción, aprobado anoche por el Parlamento ucraniano, no hace mención de las elecciones presidenciales programadas para marzo, que algunos incluso temen que puedan posponerse usando esta figura legislativa. Ante las acusaciones de Rusia de que Poroshenko intenta aplazar los comicios porque las encuestas no le vaticinan la reelección, el líder ucraniano explicó el lunes que su decisión de reducir a 30 días el período de excepción se debe precisamente a su deseo de no entorpecer la campaña para las votaciones.

Es difícil saber cómo acabará esta crisis. “Moscú está esperando un cambio de régimen en Kiev, alguien que dé la espalda a la OTAN y la UE“, asegura el analista ruso Pavel Felgenhauer. Con este desigual choque con Moscú Poroshenko puede conseguir mantener la apuesta de Occidente por su figura, con la que es más fácil conformarse si hay de nuevo riesgo de descomposición nacional. En efecto, los apoyos -verbales- llovieron este lunes. La embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, advirtió a Rusia el lunes de que su toma de barcos ucranianos fue una “violación escandalosa del territorio soberano de Ucrania”. A pesar de la discordia que reina en sus aliados occidentales (embarrados en los bandazos de Donald Trump, el trauma del Brexit y el surgimiento de más populismos) potencias como EEUU o Gran Bretaña y entidades como la OTAN siguen apoyando a Kiev. Si esta crisis en Azov es lo suficientemente grande pero no roba más territorios en el este del país es posible que logre proyectar algo de sombra sobre el fulgurante regreso de la eterna Yulia Timoshenko.

 

Por XAVIER COLÁS

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2018/11/27/5bfc557be2704e80938b45fa.html

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