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Milagritos guadalupanos


Manolo Victorio Valle

No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.

Aristóteles

 

ESPACIO ABIERTO

 

Por Manolo Victorio Valle

 

I. Milagritos guadalupanos.

 

Han transcurrido doce días en el naciente reino del Cuitlahuismo sexenal.

 

El gobernador no marcó agenda. No lo ha hecho desde que ganó la elección para gobernador.

El accionar de Cuitláhuac García Jiménez ha sido reactivo más que proactivo; es decir, como dicen en el rancho, ha reaccionado a los chingadazos que le acomoda un día sí y el otro también, su antecesor, Miguel Ángel Yunes Linares, que no termina de irse porque tiene enclavados al fiscal Jorge Winckler Ortiz y al magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, Edel Álvarez Peña.

 

El ejecutivo se supone que cuenta con el poder legislativo, más allá de la sana distancia que marca la ortodoxia política (que aquí en la cuarta transformación no se sigue), pero los diputados de su partido, Morena y sus aliados PES y PT, se desgreñan por las posiciones de poder, descuidando la agenda legislativa.

 

Así que, en términos llanos, Cuitláhuac está más sólo que Cuauhtémoc cuando le quemaban los pies los hombres de Hernán Cortés, si se me permite esta alegoría anacrónica y estúpida.

Como buen xalapeño, el gobernador debe ser guadalupano, a no ser que en su formación izquierdista le hayan practicado un «coco wash» ideológico basado en el antiquísimo precepto relacionado a que la religión es el opio de los pueblos.

 

Y en este día de plegarias, peticiones, exvotos, retablitos y milagritos fijados con seguritos o alfileres en el manto de la virgen morena para que lo cubra con su sagrado ayate, quizá el gobernador le pidió a la patrona de los mexicanos que lo guíe por el buen juicio a la hora de tomar decisiones, que le de visión periférica en el timón de un barco llamado Veracruz.

 

Ojalá, Dios interceda ante la Virgen de Guadalupe para que la tempestad se calme, para que los demonios azules, embajadores de la maldad, heraldos de un yunismo que no quiere desenraizarse sólo por el hecho de seguir enchinchando al poder, se vayan.

 

Y en ese compás de espera, las voces de ex empleados corridos de la burocracia donde caben todos, se multiplican en los medios de comunicación controlados por el ex gobernador.

Calumnia que la duda queda, es la premisa multiplicadora de los búnkeres de campañas negras que inundan con noticias, memes y demás guerra sucia, dirigida a zancadillear a un trastabillante Cuitláhuac García Jiménez.

 

II. Tres cartas.

 

Y en esta revoltura de agenda, dominada por tres personajes: Jorge Winckler Ortiz, titular de la Fiscalía General del Estado, Luis Eduardo Coronel Gamboa, fiscal especial para la búsqueda de desaparecidos y el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, el gobernador, en la soledad del poder, atrás de la puerta de cedro que sella su oficina, deberá sopesar las reglas que debe seguir como gobernante.

 

Exiliado del Mitreo recupera este librito histórico que recomiendan en el arte de hacer política:

 

Dicen, que cuando el camarada Brézhnev, tras la destitución del camarada Jrushchov, tomó posesión de su cargo como  Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, al llegar el buen hombre (que abanicaba a la humanidad con sus cejas) a su despacho en el Kremlin, encontró sobre la que iba a ser su mesa de escritorio, tres sobres numerados y lacrados junto a una nota, en la que decía: “Abre el primer sobre cuando sobrevenga una crisis”.

 

El camarada Brézhnev, aunque muy intrigado (imagináoslo frunciendo las cejas, debió de producirse un eclipse ese día), guardó los tres sobres en un cajón y con el tiempo, hasta se olvidó de ellos.

 

Pero llegó la primera crisis y como la necesidad, según dicen, nos obliga a agudizar el ingenio, se acordó de súbito del juego de sobres que le había legado su predecesor. Revolvió en los cajones, hasta dar con ellos. Rompió el lacre del sobre marcado con el número uno y extrajo la nota que había en su interior. En la cuartilla había solo estas palabras: “Échame a mí la culpa de todo. En caso de producirse otra crisis, abre el segundo sobre.” Y eso fue lo que hizo, compareció muy serio diciendo que los problemas a los que se enfrentaba la URSS se debían a la pésima gestión del camarada Jrushchov. Sacó a gente de las cárceles, metió a otra en su lugar, derogó un par de leyes y de esta forma las aguas parecieron volver a su cauce.

 

Transcurrió un tiempo y una nueva crisis volvió a amenazar su gobierno, de modo que se vio forzado a recurrir al segundo sobre.  En su interior, otra nota tan escueta como la anterior, que suscribía: “Culpa de todo al extranjero. En caso de producirse una nueva crisis, abre el tercer sobre.” De modo que el camarada primer secretario, desveló que la crisis se debía a un complot de las potencias capitalistas, que odiaban la armoniosa prosperidad de la patria de obreros y campesinos y ambicionaban su desaparición. Y la crisis, nuevamente, pasó de largo.

 

Pasaron unos años, llegó una tercera crisis, y el camarada Brézhnev, viendo que su puesto volvía a peligrar, recurrió al tercer sobre en busca de una fácil solución. En la tercera nota había escritas estas simples palabras: “Escribe tres cartas para tu sucesor”…

 

Correo electrónico: mvictorio33@hotmail.com

Twitter: @ManoloVictorio

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